Xepelin y la resaca de las valuaciones tech: de promesa chilena a prueba de fuego en México

Xepelin, fintech chilena, impulsa pymes latinoamericanas con financiamiento y CFO digital, atendiendo 70.000 empresas y generando US$100 millones anuales ingresos.

Xepelin y la resaca de las valuaciones tech: de promesa chilena a prueba de fuego en México

Si hay una fintech chilena que aprendió rápido a hablar el lenguaje del capital es Xepelin. Nació con una promesa ambiciosa: convertirse en el aliado financiero de las pymes en Latinoamérica, empezando por Chile y apostando fuerte por México como su gran mercado futuro.

En pocos años, la compañía construyó una operación que hoy atiende a más de 70.000 empresas y genera en torno a US$100 millones en ingresos anuales, combinando financiamiento y una plataforma tipo “CFO digital” para negocios que tradicionalmente han sido ignorados por la banca.

El historial de financiamiento: de las rondas récord al reality check

El romance de Xepelin con los fondos empezó temprano. Tras sus rondas semilla en 2019 y 2020 para probar la demanda en Chile, la verdadera explosión llegó en 2021 y 2022, en plena euforia global por las fintech.

  • En julio de 2021 anunció una Serie A de US$230 millones, de los cuales solo US$30 millones eran capital y el resto facilidades de crédito, en una jugada que combinaba equity con potencia de fondeo para escalar su cartera.
  • El lead fue Kaszek, acompañado por pesos pesados como DST Global Partners, Picus, Cathay Innovation, FJ Labs y fondos chilenos como Kayyak y Amarena.
  • Un año después, en 2022, llegó una Serie B de US$111 millones liderada por Avenir y nuevamente Kaszek, con la entrada de nombres como PayPal Ventures, Wellington Management, DST Global, Battery Ventures y Endeavor Catalyst. La valorización de esa ronda se estima en torno a US$720 millones.
  • Paralelamente, Xepelin fue sumando líneas de deuda relevantes, incluyendo recursos de administradoras generales de fondos y fondos de pensiones en Chile, además de una línea de US$140 millones de Goldman Sachs para robustecer su capacidad de crédito.

En muy poco tiempo, la fintech se consolidó como una de las compañías tecnológicas chilenas que más capital ha levantado, tanto en equity como en deuda, y se convirtió en un caso emblemático de la ola de valuaciones altas que marcó al ecosistema entre 2020 y 2022.

La apuesta mexicana y el cuello de botella regulatorio

La siguiente fase tenía nombre y apellido: México. Internamente y entre sus inversionistas se empezó a hablar de Xepelin como el posible “Nubank de las pymes”, con el mercado mexicano como el principal motor para llegar al ansiado estatus de billion dollar company.

Para eso, la fintech se embarcó en el proceso de conseguir una licencia Sofipo, una estructura regulatoria que funciona como una especie de “licencia bancaria liviana” y que le permitiría ampliar su oferta y fondeo en ese país. Sin embargo, lo que parecía un trámite complejo pero acotado se transformó en un cuello de botella serio.

En 2025, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos señaló a tres instituciones financieras mexicanas por temas de lavado de dinero, lo que obligó a los reguladores locales a concentrarse casi exclusivamente en esa crisis durante varios meses. Como efecto colateral, procesos como el de la Sofipo de Xepelin se ralentizaron de forma significativa.

El consenso entre quienes siguen de cerca el caso es que la licencia debería destrabarse en 2026, pero el retraso tuvo consecuencias: el equity story empezó a depender demasiado de un hito regulatorio que no terminaba de llegar, justo en un momento en que el mercado global ya no estaba dispuesto a pagar cualquier múltiplo por crecimiento futuro.

La ronda puente: US$20 millones, nuevo socio mexicano y una valorización ajustada

En este contexto llega la noticia más reciente: Xepelin levanta una ronda de aproximadamente US$20 millones liderada por el fondo mexicano Nazca Ventures, con una caída de algo más de 40% en su valorización, desde cerca de US$720 millones hasta un nivel cercano a los US$400 millones.

No se trata de una Serie C “clásica”, sino de una ronda puente con un objetivo muy claro: sumar socios locales mexicanos estratégicos y asegurarse el oxígeno necesario para aguantar hasta que la Sofipo se apruebe y el negocio pueda escalar con fuerza en México. La compañía, de hecho, seguiría buscando incorporar al menos otro socio local especializado antes de dar por cerrada la operación.

La cifra de ingresos actuales (del orden de US$100 millones al año) permite hacer una lectura interesante: la empresa pasó de ser valorizada a más de siete veces sus ingresos a un múltiplo más cercano a cuatro veces. Más que un colapso del negocio, lo que se ve es un reajuste del “precio por unidad de negocio” en línea con la corrección global de valuaciones fintech posteriores a la burbuja de 2020–2022.

La resaca de las valuaciones infladas y el impacto para cada tipo de inversionista

La caída de valorización de Xepelin no ocurre en el vacío. A nivel global, varias fintech de referencia vivieron procesos similares: Klarna redujo su valoración en torno a 85% en una ronda posterior, Stripe aceptó una rebaja cercana al 50% y Ramp experimentó un ajuste del orden de 28%. El mensaje del mercado es claro: la era del dinero barato terminó y los múltiplos extremos quedaron atrás.

En este nuevo marco, el efecto para los distintos grupos alrededor de Xepelin es muy diferente:

  • Los inversionistas que entraron en la Serie B, cuando la compañía se valorizaba cerca de US$720 millones, son quienes más resienten la caída. Sobre el papel, su participación vale hoy cerca de 40% menos, sin que exista una ventana real de liquidez en el corto plazo.
  • Los fondos que apostaron en etapas más tempranas (semilla y Serie A) siguen estando “in the money” en términos de múltiplo sobre su entrada, pero ven reducirse gran parte del “mark-up” exuberante de los años previos y deben asumir una pila de preferencias de liquidez más pesada y nuevas rondas con condiciones potencialmente más exigentes.
  • Para Nazca y los nuevos socios mexicanos, en cambio, el momento es atractivo: entran a una valorización significativamente más baja, en un activo que ya probó su capacidad comercial y tecnológica, y donde el riesgo se concentra ahora en regulación y ejecución en un mercado que conocen bien.

Para el equipo y los fundadores, el golpe es doble: más dilución en una ronda pequeña y una pila cada vez más gruesa de inversionistas preferentes delante de ellos en el “waterfall” de una eventual salida. A cambio, la empresa gana algo clave: tiempo. Tiempo para terminar el proceso de licencia en México, ajustar su estructura interna y hacer que su historia deje de depender de promesas y se apoye en métricas duras de rentabilidad y calidad de cartera.

Cambios internos y la prueba de fuego que viene

Mientras todo esto ocurre en el frente de capital y regulación, Xepelin también ha vivido movimientos relevantes en su equipo. Hoy solo uno de los fundadores, Sebastián Kreis, se mantiene en la operación del día a día, mientras que el cofundador Nicolás de Camino participa desde el directorio y otros fundadores y ejecutivos senior han seguido su camino hacia nuevas compañías. La fintech cuenta con cerca de 500 colaboradores y ha ido renovando posiciones clave en finanzas, producto, tecnología, data y go-to-market, incluyendo la incorporación reciente de un ex CTO de otra fintech chilena relevante como VP de ingeniería.

Esta recomposición del liderazgo es parte natural de la transición de startup de alto crecimiento a compañía en etapa de escala, pero también envía una señal clara: el próximo capítulo de Xepelin no se escribirá solo con capital fresco, sino con ejecución fina en un entorno más duro, bajo la lupa de reguladores y de inversionistas que ya no toleran narrativas sin resultados.

La ronda puente liderada por Nazca, con su caída de 40% en la valorización, no es una celebración; es una decisión pragmática para garantizar la continuidad del negocio y resetear las expectativas del mercado. Para Xepelin, representa la oportunidad –y la obligación– de demostrar que puede convertirse en ese “Nubank de las pymes” en México no solo en presentaciones, sino en números, licencias en mano y una estructura de capital capaz de soportar el siguiente nivel de escala.